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El harakiri de Podemos

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18.01.2019

Juan Carlos Escudier

Pese a mi insultante juventud, llevo más de veinte años juntando letras, posiblemente porque nunca he sabido hacer otra cosa.

En Diario 16 me enseñaron el oficio y en El Mundo lo puse en práctica. En ese tiempo aprendí todo lo bueno de esta profesión y todo lo malo, que no es poco. En El Confidencial me hicieron adjunto al director y me dejaron opinar. Y más tarde, en 20 Minutos me puse a perseguir políticos hasta que se acabó el dinero.

He escrito dos libros, pero para hacer todo en la vida me falta tener un hijo y plantar un árbol. De momento, voy ensayando con macetas. Hay cosas que, como Bartleby, el escribiente de Melville, preferiría no hacer. Pero esa es otra historia.

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Puestos a elegir formas posibles de suicidio, en Podemos se han inclinado por el harakiri hasta que los inscritos no digan lo contrario. El protocolo japonés es muy estricto. Antes de ponerlo todo perdido, el ejecutante compone un poema de despedida y procede luego a destriparse con un movimiento de izquierda a derecha y vuelta al centro para culminar la faena con un corte vertical hasta el esternón. Como a menudo la muerte no es inmediata y provoca largas horas de agonía, el ritual incorpora un ayudante que en un momento convenido decapita al infortunado. Lo normal incluso es que ni siquiera sea necesario que el samurai se hunda la daga en el costado. Basta el gesto de acercar el filo a la carne para que el seccionador de cabezas haga su trabajo.

Algo muy parecido ha sucedido este jueves en Podemos. Iñigo Errejón firmaba con Manuela Carmena una bellísima composición lírica diciendo que hay que abrir y sumar yendo más allá de las siglas y que, para ello, nada mejor que liberarse del yugo de Podemos y concurrir a las autonómicas de mayo bajo el benéfico paraguas de esa abuelita de Zumosol que es la alcaldesa. Poco después Pablo Iglesias, muy molesto por tener que interrumpir por unas hora su permiso de paternidad, tiraba de katana........

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